17/1/13

Lilim de Belén Martinez Sanchez



Novela juvenil de romántica paranormal. Vida más allá de la muerte, ángeles contra demonios, el infierno y el paraíso, una historia de amor, acción, traiciones y misterios que resolver.

Muchos dicen que la muerte es el olvido, pero lo primero que recordé cuando abrí los ojos fue la forma en la que había muerto.

El libro intercambia voces narradoras entre los protagonistas, lo que es de agradecer, para conocerlos a ambos profundamente y de forma individual, no solo a través de los ojos del otro. Es un libro muy largo, una historia extensa, como a mí me gustan. No es un libro para leerlo del tirón, no porque aburra o canse. Dura, lo disfrutas, y entretiene mucho. No es una historia que me haya enganchado irresistiblemente a sus páginas, lo he degustado lentamente, con calma, pero si te deja siempre con ganas de continuarlo, de que llegue mañana o el siguiente momento para seguir leyéndolo, sin prisa pero sin pausa.

(…) Solo entonces sonreía. Pero no era una sonrisa agradable. A mí no me gustaba. Lo prefería serio, porque aquella mueca era dura, implacable, voraz incluso. Era como la sonrisa de un depredador.

Todo comienza con un encuentro, más bien un tropezón, fortuito entre Diletta y Alois. Algo que no debería haber sucedido, pero pasa porque Diletta es una chica muy especial,  y que cambiará el destino de los dos protagonistas. Conducirá a Diletta a una muerte prematura y les unirá inevitablemente. En el infierno, donde Diletta deberá aprender a ser un demonio, un Lilim, y a luchar contra los ángeles.

- Pen-pensé que… bueno – se le trabó la lengua y tuvo que concentrarse para poder continuar – Los ángeles eran buenos. Al ser entes celestiales y…
- Oh, no caigas en ese error tan comúnmente estúpido – le pedí, rezongando – Aquí no se trata de buenos y malos. Depende del bando en el que escojas estar. O, mejor dicho, del bando que te escoja a ti.

Como bien intenta explicar Alois a Diletta, no se trata de buenos o malos, demonios malos y ángeles buenos simplemente por ser lo que son, aquí cada bando tiene un cometido, tienen misiones opuestas, y cada uno lucha por lo suyo, por lo que están en un guerra constante y eterna, no del bien contra el mal, simplemente un lado contra el otro.

No podía creerlo. Un ángel… e iba a encuentro de aquella muchacha.
“Diletta, Diletta… menuda sorpresa te vas a llevar”. Apreté los dientes y golpeé con los nudillos apretados el tronco del árbol. “Espero que sepas correr rápido, porque tendrás que hacerlo cuando debas huir de él”.

Y en Panteón las cosas se complicarán mucho para ambos protagonistas. Hay secretos, conspiraciones y traiciones. Tendrán que luchar por sobrevivir, no solo contra los ángeles, sino contra sus propios compañeros Lilim, y tendrán que elegir muy bien en quién confiar y por quién merece la pena arriesgarse.

Alois y Diletta cada vez estarán más unidos, necesitándose, buscándose, aunque les cueste confiar completamente el uno en el otro. Será un tira y afloja muy largo, una relación de amor-odio bastante intensa. Una relación de amistad y luego amor lenta, surgiendo poco a poco.

No voy a hablar de los personajes secundarios porque son muchos, aunque también son muy importantes, bien perfilados e interesantes. Los protagonistas tendrán muy buena compañía.

Y de los protagonistas me quedo, sin duda alguna, con Alois, es un personaje que me ha gustado mucho. Una mezcla de héroe y villano, un tirano pero que en el fondo, muy en el fondo, tiene un buen corazón, y cuando lo encuentras merece la pena. Pero ese toque de chico malo y duro contra el mundo, a mi me ha encantado, la verdad, le ha hecho muy interesante y le queda muy natural. Yo creo que es de esos personajes que o te encantan o los odias, por suerte a mí me ha encantado. Conocer todos sus matices y ver cómo va cambiando, descubrir nuevas facetas de él, que incluso él mismo desconoce o se niega a sí mismo. Evoluciona mucho durante toda la historia pero nunca pierde su esencia, ese toque ácido que le caracteriza.

Ella, por el contrario, no me ha gustado mucho. A veces tiene sus momentos en los que saca carácter y hace grandes cosas, pero la mayor parte del tiempo me ha parecido débil y floja, no como personaje sino su personalidad. Vamos, que si hubiera estado todo el libro narrado por Alois no me habría quejado. Ella no me ha parecido muy interesante, pese a que toda la historia gira en torno a ella, es el centro del huracán, y hay muchos misterios sobre ella que poco a poco iremos descubriendo que existen hasta saber la verdad. Pero no, la chica no me ha convencido, muy tontita para mi gusto. Le sobra tanto poder y tanta importancia, la desborda, creo que le viene grande.

***

Así que, como conclusión final, diré que es un libro bastante bueno, me ha gustado y lo recomendaría, aunque no a cualquiera. La historia es buena, es entretenida, tiene bastante acción y momentos tensos, misterios que te tendrán alerta, pasan muchas cosas durante todo el libro, no te da tiempo a aburrirte. Tiene muchos personajes, un protagonista genial, una protagonista que podría ser mejor… y… el final me ha gustado mucho, cómo termina la historia y se resuelve y se descubre todo, y el epílogo tengo que mencionarlo porque me ha encantado, es un muy buen broche final.

Lo mejor: Alois, se le quiere y se le odia a momentos, pero con lo bueno y con lo malo encanta.
Lo peor: Diletta, podría haber sido más y mejor, se ha quedado corta. Realmente ella es el único “fallo” que merezca la pena mencionar.

PUNTUACIÓN:  3`5

14/1/13

Frases 20.Los cien mil reinos (3)

“Nunca susurres su nombre en la oscuridad”
No. Era una estupidez. No, no, no.
“A menos que quieras que responda”

Había una terrible y enloquecida temeridad en mi interior. Se revolvía dando vueltas y chocaba contra las paredes de mi cabeza, un estrépito de cosas que no llegaban a ser pensamientos. De hecho, pude ver cómo se manifestaban al mirarme en el espejo: mis propios ojos me devolvieron la mirada, demasiado abiertos, con las pupilas demasiado dilatadas. Me pasé la lengua por los labios y, por un momento, no fueron los míos. Pertenecían a otra mujer, mucho más valiente y estúpida que yo.

El cuarto de baño no estaba a oscuras gracias a las paredes brillantes, pero la oscuridad adopta muchas formas. Cerré los ojos y le hablé a la negrura que había bajo mis labios.

- Nahadoth – dije.

Mis labios apenas se movieron. Solo había insuflado a la palabra el aliento suficiente para hacerle audible y nada más. Ni si quiera me oí yo misma entre el ruido del agua corriente y los latidos de mi corazón. Pero esperé. Dos respiraciones. Tres.
No sucedió nada.
Durante un instante sentí una decepción totalmente irracional. Tras ella llegó al instante una sensación de alivio y de furia contra mí misma. ¿Qué me pasaba, por el Maelstrom? En toda mi vida había hecho algo tan estúpido. Debía haber perdido la razón.

Le di la espalda al espejo… y en ese mismo instante las paredes se oscurecieron.

- Pero qué… - comencé a decir y una boca se posó sobre la mía.

Aunque la lógica no me hubiese dicho de quién se trataba, lo habría hecho el beso. No tenía sabor, solo humedad y fuerza, y una lengua ávida y ágil que se enroscó alrededor de la mía como una serpiente. Su boca estaba mucho más fría que la de T´vril. Pero sentí que un calor de naturaleza distinta se apoderaba de mí como respuesta y cuando unas manos comenzaron a explorar mi cuerpo, fui incapaz de impedir que mi cuerpo se retorciera para salir a su encuentro. La respiración se me aceleró al sentir que, finalmente, aquella boca reclamaba la mía y penetraba en mi garganta.

Sabía que tendría que haberlo detenido. Sabía que era su manera preferida de matar. Pero cuando unas cuerdas invisibles me levantaron en vilo y me inmovilizaron contra la pared y unos dedos se deslizaron entre mis músculos para interpretar una música sutil, pensar se hizo imposible. Aquella boca, su boca, estaba por todas partes. Debía de tener una docena de ellas. Cada vez que yo gemía o gritaba, una de ellas me besaba y se bebía el sonido como si fuese vino. Cuando podía contenerme, su cara se pegaba a mi cabello. Su aliento era suave y rápido junto a mi oído. Traté de alargar los brazos, creo que para abrazarlo, pero no había nada allí. Entonces sus dedos hicieron algo nuevo y comencé a gritar, a gritar con toda la fuerza de mis pulmones, pero volvió a taparme la boca y desapareció todo sonido, toda luz, todo movimiento. Los había engullido por completo. No había nada más que placer, un placer que parecía prolongarse por toda la eternidad. Si me hubiera matado allí mismo, había muerto feliz.
Entonces desapareció.
Abrí los ojos.

Estaba en el suelo del baño. Tenía los miembros flácidos, temblorosos. Las paredes volvían a brillar. A mi lado, la bañera estaba llena hasta el borde de agua humeante. Los grifos estaban cerrados. Me encontraba sola.
Me levanté, me bañé y volví a la cama. T´vril murmuró en sueños y me rodeó con un brazo. Me acurruqué contra él y, durante el resto de la noche, me dije que temblaba de miedo, nada más.